Ayer me paso algo inusitado salí del edificio de departamentos donde vivo. Al salir el portero me grito “aguas” pero fue demasiado tarde, la pequeña maceta, con todo y flores, que se precipito desde el quinto piso, pego sobre parte de mi hombro. El susto fue mayúsculo, aún adolorido; me dije, que la leyes de la física son inmutables, que maravilla pensé, en el sentido que se le mire es prodigioso. Debí subir nuevamente a mi hogar, ya dentro de la cocina, tome un vaso de la repisa, para llenarlo de agua e ingerir una aspirina, para el sordo dolor, ocasionado por el golpe, fue entonces que comprendí la maravilla de la fuerza de la gravedad. ¡La magnificencia de las leyes de la física¡
Les contare: mi garrafón, no estaba lo suficientemente sujeto y al voltearlo, su peso, estrepitosamente se estrello contra el suelo. Mojándome zapatos y calcetines Pensé que estos problemas, los desconocen, los astronautas que viajan al espacio.
Como pude limpie el agua y recogi los vidrios. Y medite en lo mágico de la persistencia de las leyes de la física, siempre precisas, exactas, matemáticas.
Recordé que dentro del refigerador tenia jugo, para el fin practico de beberlo y pasarme la aspirina. ¡Y ahí precisamente, ahí, mire con asombro los diversos osos pegados a la puerta! del modo artístico, en que los coloque, debido a la capacidad de asombro que me caracteriza. me quede horas observando como los osos; que debajo tienen un imán, se encontraban, sujetos al metal de la puerta del frigorífico y me dije ¡Newton Newton que prodigioso es, que se cumplan, a la letra, las leyes de la física!
Me encontré rompiendo los imanes. Cada imán tiene dos polos denominados: polos magnéticos: uno es el polo norte “N” y otro es el polo sur “S” Me dije: sí rompo el imán a la mitad, sólo quedaría, en cada trozo, un único polo, en un caso el “N” y en el otro el polo “S” para mi sorpresa no fue así, cada uno de los trozos conservaba aún, los dos polos. ¡Aun no salgo del estupor que esto me ocasionó!
Por la noche tarde en dormirme, debido a tantas especulaciones filosóficas que rondaban mi mente y además por la disconformidad que me roía, compre un analgésico, para mi dolor de hombro –la aspirina fue insuficiente- La caja del mencionado sedante, en vez de traer 30 tabletas, sólo contenía 28 ¡Sucios negociantes!
Por la madrugada me dio una inmensa sed, con la boca seca y a tientas; busque el vaso de agua, colocado en mi buró, soñoliento, me di un santo cabronazo, perdón por la expresión, pero se queda corta. Termine estrepitosamente en el piso, comprobando que las leyes de la ciencia son inmutables ¡Ay la sencillez de las leyes de la física!
Pinché medico, ante mi consulta por teléfono, me dijo que comprara otra clase de calmante.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada